El 15 de abril de 1961 no fue un día más en el calendario cubano, sino que en esa fecha se produjo uno de los hechos más criminales que recuerde la historia de nuestro país: los bombardeos a los aeropuertos de Ciudad Libertad, San Antonio de los Baños y Santiago de Cuba, lo que se conoce como el preludio o antecedente de la invasión por Playa Girón.

Jóvenes y adolescentes se entrenaban para operar las baterías antiaéreas con el objetivo de enfrentar cualquier acción enemiga. Lejos estaban de pensar que aquellos aviones con los colores de los cubanos y con nuestra enseña nacional en la cola llevarían a cabo la vandálica acción de bombardear y ametrallar sus posiciones.

El objetivo no era sólo engañar a los bisoños combatientes, sino denunciar internacionalmente la falsedad de que parte de las fuerzas aérea revolucionarias habían desertado, por eso los aparatos se habían disfrazado.

En las bases cubanas hubo inicialmente confusión, prácticamente no dio tiempo a nada, varios aviones fueron destruidos, y muchos combatientes, que comenzaban el aprendizaje de la armas, cayeron heridos y muertos.

Uno de los caídos fue el joven Eduardo García Delgado, quien antes de exhalar su último suspiro pudo llegar a una puerta y como muestra de lealtad al máximo líder de la Revolución escribió con su sangre un nombre: Fidel.

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