En Llanadas Abajo, tradicional zona campesina del municipio de Yaguajay, -a unos 400 km de La Habana en la central provincia de Sancti Spíritus- es palpable la huella de la sequía; sin embargo, el ganadero Pedro Luis Corrales Oliva ha logrado producir leche y otros alimentos en medio de la adversa situación climática.

A este campesino, integrante de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Luis La O, la escasez de precipitaciones no lo tomó por sorpresa, a fin de cuentas esta acostumbrado a exprimir la tierra y los pastos por tal de no decaer en la entrega comida.

“Desde el pasado año la sequía viene apretando, fíjate que aquí hay pozos que nunca se habían secado y ya se agotaron”, expresó con asombro Pedro Luis Corrales, quien no oculta su desvelo por las reses y continuamos nuestro diálogo:

¿Cómo ha sorteado la sequía en una zona tan apartada?

“Mis animales se han comido más de cuatro hectáreas de caña y dos de kingras”, afirma para ilustrar ese desafío diario de alimentar el rebaño y, sin esperar otra pregunta hizo público su compromiso: “aunque la seca siga plantá’, no renuncio a los 23 000 litros de leche que tengo contratados para el Estado este año”.

Pedro Luis lleva por dentro la filosofía ganadera, por eso insiste varias veces en que la clave en esta actividad es acuartonar la finca. Cumple tanto con su propia tesis que en sus terrenos se contabilizan 32 cuartones.

¿No son demasiados?

“Ni pensarlo, mientras menos camine y pisotee el animal, es mejor;

esas son lecciones que se aprenden en el día a día, pero si otra clave tiene la ganadería es que el campesino tiene que organizarse bien”.

En aras de atemperarse a los comportamientos climáticos actuales, el campesino adelanta la intención de sembrar más caña y hierbas proteicas en los meses por delante porque es mejor tener áreas compactas de comida que grandes potreros abiertos sin pasto”.

“Pero también le digo que como están viniendo los tiempos y aunque acuartones, el ganadero que no tenga una máquina forrajera no produce leche”.

Aunque no deja de estar pendiente de la escasez de agua, la falta de la inseminación artificial es, tal vez, la mayor preocupación del campesino.

“Las vacas se están preñando al año y pico y no sé si el toro que tengo es fértil. Estoy comprando novillas cargadas porque con mis dos toritos no logro el 80 por ciento de natalidad que tuve el año pasado; sería muy útil para los campesinos de esta zona que se rescatara la inseminación artificial”, concluye.

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