En uno de los caminos que enfilan hacia las elevaciones del municipio de Yaguajay, en el norte de la provincia de Sancti Spíritus, se encuentra Jobo Rosado.   La comunidad, con más de 600 habitantes, difiere mucho de aquella que en 1961 acogió a Aida Gutiérrez,  una alfabetizadora de 22 años que allí encontró el amor de su vida y decidió quedarse.

“Jobo Rosado era un poblado de 44 casas de guano, piso de tierra y paredes de yagua”, dice Aida con la mirada fija en el horizonte, como si volviera a tener ante sí el caserío.

“Aquí no había médico y teníamos que llevar a los enfermos a otros lugares y aunque existía escuela los niños no iban porque los padres los llevaban a trabajar al campo”, recuerda.  “No había electricidad, nadie tenía radio, había un solo televisor con una planta y ni siquiera existía una calle, era un camino vecinal”

El amor fue mucho más fuerte que aquella triste realidad y Aida nunca se fue de Jobo Rosado.    Por eso fue testigo de cómo la Revolución, que le encomendó la misión de alfabetizar, transformó poco a poco la comunidad y sobre todo, el modo de vida de la gente humilde de aquella comunidad.

Según Aida Gutiérrez, dos momentos marcaron el desarrollo de Jobo Rosado:   la constitución de los órganos locales del Poder Popular en 1976, y la incorporación de la comunidad, en el año 2005, al  Programa de Desarrollo Integral de la Montaña, conocido como Plan Turquino.

“Me maravilla ver que hoy tenemos una escuela bonita, rehabilitada, y un consultorio médico con una doctora muy buena, una enfermera y todas las condiciones para atender a los enfermos”, refiere y enseguida señala otros sitios que le nacieron a la comunidad:  el círculo social, la panadería, la biblioteca y el restaurante donde se brinda alimentos, “a precios módicos, a las personas más necesitadas”.

La satisfacción de Aida por la metamorfosis de la comunidad, sobre todo después de la implementación del Plan Turquino, es compartida por los pobladores del lugar, y en particular por Alberto González, quien durante muchos años se ha desempeñado como delegado y Presidente del Consejo Popular.

“La comunidad fue muy beneficiada con la prestación de servicios, se eliminaron los problemas de bajo voltaje, se reanimaron los viales y se le dio mucha prioridad a la construcción de viviendas, que incluye el otorgamiento de subsidios a personas sin solvencia económica, para que pudieran levantar o reparar sus moradas sin costo alguno para ellos”, apunta González.

Como en otras comunidades de las montañas de Sancti Spíritus, que forman parte del Plan Turquino, los habitantes de Jobo Rosado pueden adquirir en su pueblo productos de gran demanda e, incluso, algunos artículos que no reciben de forma normada quienes viven en el llano.

“Aquí  podemos comprar productos de aseo, sábanas y fundas, enseres y alimentos como carne en latas y también carne de cerdo, que venden casi todas las semanas”, dice Osmary Landera, una de las trabajadoras del restaurante, quien vive en la comunidad desde hace 23 años.

Pero la gente de Jobo Rosado no espera que le lleven todo.   La producción de alimentos es hoy la principal fuente de empleo de la zona, donde están enclavadas una Unidad Básica de Producción Cooperativa y tres Cooperativas de Créditos y Servicios.

Aquí se produce frijoles, maíz, malanga, yuca, y en los últimos tiempos con mejores tecnologías”, asevera Walfrido Gómez, un campesino que recientemente recibió un sistema de riego que le permitirá aumentar los rendimientos de sus cultivos.

“Hace muchos años esta era una zona cañera, pero hoy nuestras tierras están dedicadas por completo a la producción de alimentos y a la ganadería, pues también entregamos leche al estado, mucho

Jobo Rosado puede progresar más.  Aunque existe un acueducto rural, los vecinos aspiran a que se instale una electro-bomba de mayor capacidad, que posibilite un mejor suministro de agua.

Los habitantes del lugar también desean que su comunidad continúe mejorando su imagen, de manera que resulte más atractiva para los turistas extranjeros que visitan la zona montañosa de Yaguajay, que en los últimos años se ha convertido en uno de los principales enclaves de la provincia dedicados al turismo de naturaleza.

Esas ansias de mejora también las tiene Aida Gutiérrez., pero ella, que ha conoció la comunidad de antaño, asegura que ya vive agradecida por la evolución del pueblo que marcó destino.

“Jobo Rosado alcanzó el valor que nunca imaginé”, dice sonriendo.  “Para como yo lo vi este pueblito, hoy está bello, muy bello”.

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