Sochi será sitio en octubre de nueve espirituanos. Entre ellos el joven Luis Ernesto Camellón Curbelo, estudiante de cuarto año de Contabilidad y Finanzas y presidente de la FEU en la Universidad espirituana José Martí. Hoy, disfruta de sus últimos días de vacaciones en su hogar del Reparto Olivos II de la cabecera provincial.

El Festival Mundial, lo que significa esa reunión de juventudes, constituye un asunto que desvela al joven Camellón a sólo días de volver a retomar las riendas de la dirigencia estudiantil, en el mayor centro universitario de la provincia.

“Recibir la noticia de ir al Festival fue algo impactante. Estábamos invitados al Festival Provincial y, un poco después de hacer un recorrido por la ciudad nos sorprenden con la noticia de quienes eran los seleccionados”.

Luis Ernesto no olvida el instante. Allí pasó de ser el espirituano a ser el símbolo de toda una ciudad en otra tan distante como esa de Rusia, donde cada centímetro de su cultura nada tiene que ver con lo que se puede interpretar de su instantánea y colonial Sancti Spíritus.

“Es una oportunidad increíble no sólo conocer una cultura distante, sino las culturas de tantos países que allí se reunirán. Resulta un momento donde debes comportarte como un eterno aprendiz, para poder dilucidar cada rasgo de cada hombre y mujer presentes en el festival, que será lo mismo que descifrar cada cultura de nuestro planeta allí reunidas”

Luis Ernesto conoce que es una oportunidad que no llegó de manera gratuita. Existe una responsabilidad al respecto. Aunque conocer un país extranjero tiene su encanto, así como disfrutar de nuevos amigos o lugares exóticos, ser delegado cubano a un encuentro internacional entraña un honrado peso sus hombros.

“Lo tengo bien claro. Allí no estamos sólo para aprender o debatir los problemas sociales que existen en el planeta, temas sobradamente importantes pero que no pueden quitar espacio para un asunto que nos interesa a todos: mostrar cómo es Cuba, cómo son los cubanos, demostrar que la realidad nuestra está probablemente muchos más lejos de los que algunos de los reunidos allí hayan escuchado en la prensa o medios de comunicación de sus países”.

La dirigencia es temple

 Luis Ernesto no se define como un auténtico líder desde la cuna. No constituyó el clásico ejemplo de pionero gustoso por reunir a sus amigos del destacamento en torno a una tarea o actividad escolar. Siempre la responsabilidad fue su aura, pero ni en la enseñanza primaria, secundaria o incluso media superior, su estirpe alguna vez se escribió dentro de las actas de las organizaciones estudiantiles.

Fue allí, en plena madurez intelectual, en la total conversión que significa la escuela de la vida que es la universidad, que Luis Ernesto notó que dirigir se le hacía conocido. Desde hace un año Luis es el presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios en el centro de estudios superiores más grande del territorio espirituano.

“Realmente fui siempre muy dedicado a mis labores docentes, al estudio, pero nunca me compenetré mucho con los cargos. De manera azarosa me encargué de una tarea no muy complicada dentro de la FEU hace un año y pocos meses, y luego me hice cargo de la dirigencia por una necesidad de la organización. Los resultados son sorprendentemente alentadores, y no hablo incluso en nombre de la FEU o de su labor”.

Precisamente, Luis Ernesto habla de algo más allá. Habla de lo que es ser un líder, de los sentimientos que fomenta el hecho de representar a una multitud, cualquiera que ella sea. Menciona palabras como solidaridad, confianza, respeto y responsabilidad. Dice que sin dudas, aunque desde antes era una persona con un sentido de lo moral, con dedicación a su carrera, familia, pareja o amigos, hoy es un tipo más completo, uno que encontró una manera de serle más útil a su Sancti Spíritus, y eso nada más lo puede decir en nombre de su labor como dirigente estudiantil.

“Pierdes todo tipo de reserva que antes hubieses tenido. Dices la verdad, la defiendes y con ella a los que te rodean. Proteges a tus compañeros, aprendes a amar mucho más a tus profes y al centro universitario al que perteneces. Ser dirigente para algunos puede ser agotador, pero la forma en que te asienta la madurez del carácter vale cualquier tipo de contratiempo.

Familia & Aficiones

Todo hombre de bien nació de un lugar proclive en bondad. No poseo el dato “sociológico” entre mis archivos, pero podemos asegurar con un ambiente familiar sano, educado y en el que se tenga una justa afición por la moral, termina siendo el lugar idóneo para crecer y convertirse en una persona practicante de actitudes diarias bien cerca de la humanidad. Quizás sea el caso de Luis, cuya madre, Ana Curberlo León, tiene algo que decir acerca de criar un hijo en la Cuba de hoy.

“Nuestra familia cree en los valores universales en los cuales está inspirado el proyecto de nación cubana. Por eso nuestros hijos, Luis y su hermano, crecieron convencidos de la pasión por el trabajo, de la utilidad de la virtud, la solidaridad y el amor al prójimo. Creo firmemente que son valores que te hacen tener responsabilidad, metas y sueños tan honrados como los que aspiran una gran parte de los jóvenes cubanos”

“Mi carrera me inspira tal como lo hizo el primer día de clases. Dentro de algunos años me imagino resolviendo los mismos problemas que en el aula se exponen, laborando por hacer progresar la economía del país, la de mi tierra yayabera. Contabilidad y Finanzas, el futbol y mi novia son las pasiones de mi tiempo libre. Ahhh, y discutir todo el tiempo con mis amigos sobre si el Barcelona levanta cabeza o no esta temporada”, deja entrever Luis Ernesto con pícara sonrisa.

El Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes será en Sochi, una ciudad a miles de kilómetros de Sancti Spiritus, pero que sentiremos bien de cerca gracias a jóvenes como Luis Ernesto Camellón Curbelo. La juventud de Cuba tiene las riendas de su nación. Sochi asoma como testigo.

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