En la cultura cubana y especialmente en la música está la presencia enriquecedora del cantante y guitarrista Pedro Dámaso González Losano, Pedrito, quien nació en la ciudad de Trinidad -al centro sur de cuba- hace 62 años, el 11 de diciembre de 1955.

La estirpe juglaresca de este artista se forjó en el ambiente hogareño, con el padre trovador y la madre y la abuela aficionadas al canto, todo lo que influyó desde la infancia de Pedrito, como siempre lo conocieron cariñosamente dentro y fuera de su ciudad natal.

El talento musical del niño propició el rápido aprendizaje de la guitarra y el canto, camino que fue ampliando en la práctica, la investigación y la experimentación iniciales, primero en el Movimiento de Artistas Aficionados y luego como profesional.

Su vocación se fue imponiendo en el ambiente local y con solo 16 años fue cofundador en 1971 del afamado Dúo Escambray, con su amigo José Ferrer, guitarrista, compositor y excelente voz segunda. Con esa agrupación de pequeño formato ambos fueron fundadores del Movimiento de la Nueva Trova e integraron la entonces brigada de jóvenes artistas Hermanos Saiz, y la Raúl Gómez García, del Sindicato de Trabajadores de la Cultura.

El Dúo Escambray irrumpió en la escena musical cubana con la frescura de melodías y textos de belleza creadora con la interpretación de nuevas y armoniosas voces bien. La alta calidad y la originalidad distinguieron al Dúo Escambray, apreciado durante 27 años dentro y fuera de Cuba.

Esa etapa de la vida artística de Pedrito González es de gran trascendencia para los dos queridos músicos y la población que disfrutó su obra. Por eso el propio creador rememoró en una ocasión:

“Aunque los 27 años del dúo Escambray fueron fructíferos, pudo haber sido mejor, por ejemplo, nuestra discografía es escasa. Pero en general hicimos cosas lindas y duras al mismo tiempo. Recuerdo las tres estancias en Angola en plena guerra, o cuando caminamos la Sierra Maestra kilómetros y kilómetros, para cantarles a los campesinos de zonas intrincadas”.

Toda Cuba y especialmente Trinidad, sintió la disolución que querido dúo en 1998. La pregunta de entonces era ¿por qué?, tanto en el ambiente musical del país, como entre los numerosos admiradores. Todos nos preguntábamos en aquel momento ¿por qué?. La respuesta la dio el mismo Pedrito en otra ocasión.

“Escambray terminó porque vivíamos en Trinidad, por causa de la llegada del turismo. Por respeto a nuestro trabajo no aceptamos esto y se acabó el dúo. Además mi país y mi Revolución me enseñaron a hacer la canción comprometida y nosotros teníamos un trabajo serio. Fue un cambio muy brusco pasar de grandes escenarios a cantar en restaurantes. Nunca fuimos una medicina para bajar comidas”.

La separación impuso un duro reto a Pedrito después de casi tres décadas de limpia y apreciada labor artística. Lo primero fue miedo a seguir como solista y él lo explica y argumenta sus razones:

Me costó mucho trabajo acostumbrarme a cantar sin esa estupenda segunda voz de José Ferrer y esa guitarra acompañante. Me costó adaptarme a ese vacío, porque logramos un empaste de voces excelente que, aunque parezca mentira, es más difícil lograrlo en dúos que tríos. Era buscar otro repertorio, nuevo sonido, en fin, empezar de cero. Pero era buscar que el público te acepte de nuevo, porque gustaban de Pedrito pero con el dúo Escambray”.

Esos momentos fueron propios para la nostalgia de Pedrito, después  de una extensa e intensa labor de un dúo estrella de la música cubana.  Decenas de festivales, giras artísticas, concursos de alto nivel, jornadas, bienales y encuentros eran algo cotidiano para el Dúo Escambray. También abundaron las presentaciones en otros países como Francia, Italia, Alemania, Panamá, México y en las naciones de Europa del Este.

Pedrito González fue miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y entre los galardones ganados se cuentan Tercer Premio de Interpretación en el Concurso Adolfo Guzmán 1979, Gran Premio del  Festival de la Radio con el programa Trovadores de siempre, de la emisora de Trinidad, y Gran Premio en la II Bienal de Música de Sancti Spiritus.

Son numerosas las condecoraciones otorgadas a Pedrito González, entre ellas la Distinción por la Cultura Cubana, Medalla X Aniversario del Movimiento de la Nueva Trova, Medalla Raúl Gómez García del Sindicato de Trabajadores de la Cultura, la Distinción Majadahonda 1936 de la UNEAC y Mérito Artístico del Instituto Superior de Arte. A esto se le suman otros numerosos reconocimientos entregados por instituciones cubanas y extranjeras.

Y lo que siempre se ha distinguido en el querido artista es su sencillez, su nobleza, su fraternidad con los demás, las muestras de ayuda y apoyo a los que se inician en el arte musical. Fue fundador de la necesaria Casa de la Trova de Trinidad, en su propia vivienda, y precursor del programa radial Trovadores de Siempre, del que fue director, guionista y conductor.

Siempre fue fiel a la legendaria Trinidad, la tercera villa fundada en Cuba hace más de cinco siglos. Allí sigue siendo querido y admirado por su admirable vida artística y ejemplares valores humanos. La profunda identificación con su  ciudad natal lo llenó de satisfacción, como lo argumentó en una ocasión:

 

“Porque soy muy trinitario, amo este pueblo, a cada una de sus piedras. Quiero a mi gente como ellos me quieren a mí, muchas veces me lo han demostrado. Cuando viajo, por ejemplo, a La Habana, al segundo día me parece que llevo fuera todo un mes. Oportunidades he tenido miles de residir en la capital, e incluso fuera del país con propuestas de trabajo, pero nunca sería capaz de quedarme en ningún lugar. Es una dicha vivir en Trinidad. Gozamos de tranquilidad y respiramos un aire más puro!”.

Defensor y cultivador de la auténtica cultura musical trinitaria y cubana, Pedrito González falleció en el 2013 a los 58 años, de una afección cardiaca. Estaba en plenitud de sus facultades artísticas y con su creciente fuerza creadora.

Fue un virtuoso intérprete y creador de boleros, sones, canciones y guajiras de elevado valor artístico. Su obra debe de estar a buen resguardo y mantenerse  con la vitalidad que se necesita para que sirva de paradigma a las nuevas generaciones. El arte, cuando es verdadero, permanece en la belleza de la sociedad.

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