María Isabel Conlledo Castillo representa la estatura de la educación espirituana. Hace unos años participaba en el programa Mesa redonda de la televisión cubana, sólo como una muestra de hasta donde había llegado su nombre como pedagoga de esta isla del Caribe.

Pero donde ha contribuido esta maestra a la prestigiosa educación cubana ha sido desde la gran responsabilidad de la dirección. Más de treinta años acumula la docente como directora de la primaria Federico Engels de la capital espirituana. Sin embargo, todo comenzó muy lejos, asumiendo el magisterio a una tierna edad.

“Comencé en el Pinto, una escuela primaria donde asumí desde primer grado hasta sexto y sólo con 16 años. El aula fue mi escuela pedagógica, la habitación que me curtió en el oficio sublime de enseñar y educar”

“Porque eso tiene la primaria, es una edad muy difícil en el que si te limitas sólo a enseñar tienes cumplido la mitad del trabajo. ¿Dónde queda lo otro? Allí es entonces que hay que educar, corregir, regañar y halagar. En fin, es como críar un muchacho. Y que alguien me diga si hay algo más difícil.

La personalidad de María Isabel le auguraba nuevos retos. Su desempeño resultaba alentadoramente responsable y sensato. Fue así cómo, todavía en el inicio de su segunda década de vida, ya era subdirectora en la escuela de Banao Ignacio Agramonte, desde donde pasaría a la definitiva Federico Engels, una pujante y compleja primaria de la capital espirituana.

“La primaria ha pasado por varias etapas. Uno de los momentos más importante por cómo nos convertimos en centro de la educación espirituana a todos los niveles fue cuando constituimos microuniversidad para las carreras de ciencias pedagógicas”

“Enseñamos a esas nuevas generaciones de maestros a superarse, a buscar nuevas fronteras en la enseñanza y pedagogía. A mi particularmente me apasiona el trabajo con los maestros, por cómo cada virtud que aprendan con nosotros puede ser multiplicada en las aulas y llegar a cada niño de la escuela”

María Isabel recibió hace pocos días la distinción Frank País de primer grado, una de las máximas condecoraciones que otorga la Educación cubana. El centro que dirige hace décadas ha sido reconocido con numerosas distinciones, signo de una escuela primaria vanguardia en la provincia espirituana.

Premio del Barrio, Centro Cultural más importante de la Comunidad, Premio a la Utilidad de la Virtud, medalla Jesús Menéndez, simplemente algunas de las distinciones más valiosas que atesora esta primaria del sur espirituano, ubicada en la populosa barriada de Colón.

Esta educadora espirituana, que conoce cada pasillo y aula de la Federico Engels como la palma de su propia mano, tiene consejos para la educación cubana.

“No podemos dejar de la mano a las generaciones de maestros que llegan a las escuelas. Hay que acompañarlos, ubicarles un tutor, seguir bien de cerca la superación metodológica y aspirar a que ofrezcan la mejor de las clases desarrolladoras que alcancen sus potencialidades”

“Otro asunto que me preocupa, porque desde mi posición constantemente me topo con estos casos, es que la familia debe respetar y contar mucho más con la opinión del maestro. Los padres no se deben molestar cuando el educador le confirma que su niño debe mejorar, estudiar, que no obtiene las mejores notas. El maestro es la metáfora del tercer padre, un presupuesto con el que la familia debería comulgar”

Ciertamente, a ningún espirituano le sorprendería que María Isabel lleve las afortunadas riendas de este recito de la enseñanza secundaria por algunos años más. Ya volvió del retiro hace unos meses. Nos cuenta, en la intimidad del diálogo, uno de los alicientes para asumir el reto que sólo ella solía conocer:

“Mi madre, esa mujer de 99 años que es pura batalla de amor, cada día me pedía que volviera a la Engels. Creo que posiblemente ella estuviera atada a la escuela más que nadie. Pese a que significara dejarla a veces sola, me hablaba que uno tiene que estar donde dejó el alma vagando”.

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