El Simposio de Comunicación Conectando Agendas, en el cual resultó celebrado el aniversario 40 del periódico espirituano Escambray con la presencia de colectivos de varios semanarios cubanos, puso sobre el tapete asuntos verdaderamente importantes para los medios de comunicación del país, en los cuales aún somos deudores dentro de las prácticas periodísticas de la isla.

La primera conferencia de la sesión, a cargo del presidente de la Unión de Periodistas en Cuba (UPEC) Ricardo Ronquillo, evaluó las estrategias de dirección asumidas en la mayoría de los periódicos, emisoras, agencias y telecentros cubanos. Ronquillo, con suma franqueza y visión práctica, abogó por la transición de las maneras de hacer de nuestros cuadros, desde meros directores hacia líderes en sus colectivos. A juicio del presidente nacional, de este comentarista y de, les puedo asegurar, la mayoría de los periodistas cubanos, en Cuba existen pocos directores sumidos en la ardua tarea de abogar y alentar un periodismo analítico, crítico de realidades e innovador.

Felices excepciones existen en el país, de las cuales esta provincia hace gala apoyada en el diario Escambray, hecho reconocido por la mayoría de presentes de todas las provincias involucradas en el simposio. Sin embargo, el panorama general incluye cuadros no periodísticos, e incluso no asociados a alguna de las ramas artísticas relacionadas con radio y televisión, en los que, y también en aquellos que dominan el lenguaje de los medios, abunda la timidez, el conformismo y la resolución de encontrarse con la menor cantidad de problemas posibles y dilemas surgidos de instituciones, empresas, personas o cuadros emplazados en algún producto comunicativo.

El problema no queda allí. Esta actitud de los rectores de los medios de comunicación cubanos es calcada miméticamente por la mayoría de los reporteros de la isla, posición ante la profesión que puede encontrar explicación en el carácter verticalista de los medios de prensa y su fuerte dependencia institucional, lo que muchas veces provoca conflicto de intereses entre el emplazado y los sistemas encargados de proteger al medio y periodista, aunque la práctica ha demostrado que, mediando el análisis y uso tácito de la verdad por parte del reportero, las autoridades gubernamentales o partidistas casi siempre terminan por otorgar la razón a este en casos de réplica o reclamo.

El otro tema neurálgico colocado en la agenda del simposio espirituano, resultó el uso fértil de la tecnología en favor de la promoción de los contenidos periodísticos cubanos, así como su aprovechamiento para aumentar la calidad analítica y estética del producto comunicativo.

El asunto lo trajo a debate una parte del colectivo del periódico villaclareño Vanguardia, el cual colocando como ejemplo la multimedia y dossier a propósito del cumpleaños 80 del Che Guevara, ilustró la premura con la que el periodismo cubano debe hacerse notar más en redes sociales e internet, de no poca distribución y uso en el país, así como la necesidad de elevar el tono analítico de los textos, a través de la interpretación de los datos, nunca antes tan vastos y expuestos como lo son ahora en el clímax de la internet, la estadística y la tecnología.

Así, el simposio hizo un repaso a la agenda mediática de la nación. La radiografía expuso cuán alejados estamos aún de la agenda pública, aquellos asuntos que constituyen problemáticas diarias de la ciudadanía. Revertir la situación está en brazos prácticamente de todos los actores: economía (no detallamos las formas de pago a los periodistas, cuyas estrecheces termina redundando en la calidad, variedad y profundidad del producto comunicativo), reporteros y dirigentes.

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