Con frecuencia los diversos acercamientos a José Martí están orientados en mayoría, a los asuntos que resaltan rubros de su amplísima preocupación humana, vinculados a su actividad política y otros temas que preponderan esta orientación, pero en algunas ocasiones aparecen atomizados tanto en la búsqueda, como en las intenciones de un diseño de indagación.

Otras dinámicas de intercambio humano engrandecen la perspectiva del mundo y la actuación de los sujetos en diferentes espacios, y bajos otros incentivos en el orden social no sólo le permiten explicar conductas, sino extender en Martí la vibración del mundo y su aporte al sentido de libertad y de preservación de fórmulas identitarias.

A pesar de que la valoración sobre José Martí tiende a localizarla en el referido encasillamiento político, las relaciones ceremoniales consistieron interpretación de la evolución de lo histórico sobre la base de los contrastes sociales.

Uno de esos componentes es la fiesta, muchas veces desatendida como notable expresión cultural de los pueblos, para la afirmación de un concepto de identificaciones y definida por Martí, como necesidad y fortaleza de las naciones.

En sus crónicas, variantes genéricas de alta fertilidad informativa y poética, traslada sus impresiones sobre el tópico, incluso más allá de sus posibilidades como testigo factual, pero aprovecha todas las ocasiones para constituirse como testigo de época.

La fiesta se instaura como una preocupación reiterada en el sistema de relaciones sociales y culturales de los individuos, tras lo cual es posible advertir de Martí, un discernimiento que en equilibrio, proporciona una vinculación activa e indispensable, de cuyos resultados se afianza el espíritu de los pueblos y sus potencialidades para estabilizar sus energías.

Más que simple curiosidad de periodista inquieto, la visión de Martí sobre los diferentes componentes festivos, define criterios sólidos y de aporte sustantivo para comprender el resto de las expresiones de los pueblos. Su valoración de los asuntos festivos en los Estados Unidos de Norteamérica, representa incorporación de conceptos que en sedimento, contribuyeron a consolidar sus opiniones en torno a las características psico-sociales de una nación, con definidas intenciones para el futuro de Cuba y Latinoamérica.

Más adelante trataremos las diversas apreciaciones sobre los componentes festivos según cada grupo de inmigrantes en Estados Unidos, y su impacto en el sistema de relaciones de esa sociedad, pero no son sólo esas valoraciones las que sintetizan de la fiesta su importancia según Martí en el sistema de relaciones sociales, sino que desde sus crónicas europeas, analiza con suficiente profundidad el tema, así como en La Edad de Oro se sumerge con seguridad exclusiva, en el planteamiento de lo festivo en diferentes lugares del mundo, como en las coincidencias entre uno y otro país para desarrollar un sistema de festividades favorables a la identificación, a pesar de las distancias geográficas.

En diversos contextos apreció formulaciones de intercambio, que en medio de sucesos conflictivos definió en algunos casos valores de pueblos originarios, o de pueblos trasplantados, tributarios a determinados espacios geográficos de su herencia, o defensores ante el despojo, o el traslado de rasgos de identidad, de inevitable afirmación o reproducción en enfrentamiento.

Coincide Martí en la época de una evolución del pensamiento antropológico que no le resultó ajeno, tal vez por las coincidencias no explícitas de compromiso con Morgan, Durkheim, Frazer y Duvignaud, pero marcadamente definidas por la información obtenida y contrastada por él, en ese instante evolutivo.

Mucho más cerca de una complejidad de índole social, mucho más preocupado por las contradicciones que se originaban por discrepancias inevitables, y por el curso de factores de origen cultural en pugna con las intervenciones ajenas, Martí adelanta razonamientos que se incorporan al volumen de ideas a favor de las identidades y las fortalezas libertarias que contienen.

La fiesta por su acto de reinterpretación de la realidad y sus cambios, consecuente con los conflictos de una época de expansión imperialista, de anulación de autenticidades de pueblos y de destrucción de los valores como representación de historias fundadoras, se movilizó dimanante e imprescindible.

La tipología de carácter festivo que recomienda Duvignaud, se define en las entregas de Martí por su frecuencia y extensión hacia contextos y respuestas culturales, por su aguda manera de observar la dinámica de un sistema de relaciones cuya productividad valida las esencias de los pueblos.

Las apreciaciones en torno a las ceremonias mejicanas, las descritas en su estancia en Guatemala, resultan de su honda mirada, de la capacidad de asumir como necesario, el trasvase de valores, el entusiasmo preservador afín con las exposiciones de un paisaje urbano, rural y de las energías humanas, que le permitirían contrastar aquellos modelos de comunicación festiva, que advertiría en el concierto norteamericano, en el cual sus opiniones se radicalizarían profundamente como en ninguno de los lugares visitados.
Tempranamente significa las evidentes diferencias entre los modelos de reproducción festiva con orígenes de índole religiosa, que manifiestan sus contenidos en áreas del mundo marcadas no sólo por los contrastes culturales, sino por la intervención de agentes económicos en esas expresiones.

La celebraciones en fin de año de las pascuas íntimas y familiares de España, se diferencian singularmente ante las festividades de Christmas en los Estados Unidos, determinadas estas por las relaciones de poder económico y subordinantes de las marcas de fundación de ese canon, lo cual constituye desde la visión de José Martí una constante, una apreciación de énfasis de aquello constituido como una de las maneras en la que la acción del mercado, se instaura como elemento deformante de una cualidad cultural histórica.

De todas formas no deja de referir cómo la festividad de abril, sin perder la impronta del mercado, manifestaba cierto aire familiar, relativamente menos intervenido por los afanes disolventes del interés comercialista. Estos ejemplos como muchos más, derivaban del crecimiento de una afirmación multinacional impuesta por la fragua de la inmigración tumultuaria, durante todo el siglo XIX.

Frecuentemente considera con interés, las variadas formas de relación festiva entre los grandes grupos inmigrantes, sus expresiones identitarias en contexto diferente, muchas veces hostil por los encuentros no integrados de los componentes socio-culturales y por la acción agresiva de los agentes capitalistas en su tránsito impulsivo.

Desde las ceremonias trasplantadas de los hugonotes y otros conjuntos religiosos en síntesis, predominantes desde los asentamientos de africanos y otros grupos europeos, las festividades públicas y aquellas sostenidas desde la voluntad de lo privado, pasando por el espíritu de lo religioso, constituyeron representación de las manifestaciones de una nación nueva, muchas veces unidas en el fragor de la desgracia, por encima de viejas actitudes de dominación y de prejuicio.

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