La economía cubana, tanto o más que la economía familiar de ese mismo cubano, atraviesa un 2019 de importantes complejidades. Desde finales de 2018 y principios de este año las autoridades del país anunciaban que este sería un período de reacomodo de nuestra economía, pago y ajuste de la deuda externa, poco incremento de los ingresos por el turismo y disminución de las importarciones.

Todo eso con el aderezo, por si fuera poco, del aumento de la presión norteamericana del bloqueo sobre la isla, últimamente explícitamente visible en las sanciones multimillonarias a entidades financieras que han comerciado con Cuba y otros países que no gozan del favor del molesto vecino del norte.

Son cuestiones necesarias de entender, para por consecuencia comprender también diversas situaciones que los cubanos observamos en el día a día de nuestra economía familiar y nuestro bolsillo. A menudo observamos desabastecimiento de productos fundamentales de la dieta y el confort básico de la vida: huevos, aceite, harina, variedades de carne, leche en polvo, jabón, detergente líquido, a lo que se le añadiría un sinfín de útiles del hogar y otros elementos que que nunca hallaríamos en tiendas cubanas, incluso ni a los precios estratosféricos que ofertan la red de tiendas en divisa.

La situación se ha mostrado especialmente compleja en este año. Las razones (el reajuste, el no vivir más de créditos, importar menos para ahorrar más…) han sido explicadas en varias alocuciones por el presidente Díaz Canel y sus ministros, a lo que se añadiría por supuesto una de las mismas situaciones ampliamente comentadas por el líder cubano: la ineficiencia de cuadros, el robo de combustible, la falta de ahorro, entre otras.

Con todo este panorama, resulta necesario que las medidas de actualización del modelo eoconómico de la isla se implementen de manera orgánica y con prontitud, especialmente la inversion extranjera, para poder superar lastres que no ayudan a visibilizar el exito económico de un país capaz de contar con uno de los índices de desarrollo humano más altos del mundo (parámetro que mide la ONU en base a nivel educativo, sanidad, salud, alimentación, calidad de vida, etc.) pero al mismo tiempo complejidades materiales que provocan no pocos dolores de cabeza hasta el más sagaz de los entendidos de economía.

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