Daujy Ebambi es alumno de Medicina del Congo en la universidad espirituana.

Daujy Ebambi es alumno de Medicina del Congo en la universidad espirituana. Por estas semanas él y sus 142 colegas de otras nacionalidades se mantienen residiendo en el centro de estudios superiores, instalación que además ha acometido una serie de medidas para proteger la salud de los muchachos ante la pandemia.
Ebambi proviene de un país africano, ubicado en el centro del continente. En conversación con el equipo web de Centrovisión, obtuvimos su impresión sobre la gestión sanitaria del coronavirus en Cuba.
¿Qué sabor te dejan las medidas que en Cuba se han aplicado ante la llegada y extensión de la pandemia del coronavirus?
Lo primero que hay que resalta es que pareciera que Cuba se estaba preparando para la llegada de la enfermedad justamente antes de que existieran los primeros casos. A mí me gusta mucho realmente el sistema de salud cubano, cómo se tomó en serio el virus, generalizó el uso del nasobuco casi como obligación y, por supuesto, cómo maneja todo esto bajo el principio de la gratuidad. Existen varias diferencias a cómo ha actuado El Congo, por ejemplo.
¿En qué pueden radicar esas diferencias?
Bueno, para empezar se podría decir que el sistema primario de salud de Cuba, un factor indispensable para atacar al virus desde los barrios, es de los más organizados y dedicados del mundo. La medicina familiar y preventiva cubana tiene mucha preparación para estos casos, en contraste completamente con un caso como el Congo.
Además, súmale que en mi país aún, ¡aun por estos días con más 200 000 muertes en el mundo ya!, creen que esto es como un asunto de Occidente y que no golpeará tanto allí. Hay muchas personas que caminan por la calle sin nasobuco, y las autoridades no hacen mucho para impedirlo.
Esto es un asunto esencial en nuestra opinión. ¿Nos estás diciendo que un principio básico para evitar la extensión del virus y relativamente económico como el nasobuco, al menos los artesanales, no está generalizado en la población?
Exactamente como se los cuento. Incluso algo de tela es vendido en muchas barrios demasiado caro. Súmale a eso que aun la gente confía demasiado en la medicina tradicional, y creen que con algunos remedios se están preparando.
Además, hay que estar consciente como funciona allí el sistema secundario y terciario de salud: no existe disponibilidad de ambulancias aun en tiempos normales, la cantidad de pruebas de PCR que se realizan no son suficientes, la mejor atención cuesta buena cantidad de dinero…
Si tuvieras de repente poder de decisión política para cambiar algunas cuestiones esenciales relativas al manejo de la pandemia ¿Qué harías en el Congo? ¿Tomarías alguna experiencia cubana?
Lo primero ante un escenario de escases de recursos sanitarios como el Congo, asunto que no debe cambiar en los próximos meses, sería multiplicar las actitudes preventivas, que hoy no alcanzan ni un mínimo de sus potencialidades.
El gobierno pudiera decretar obligatorio el uso del nasobuco en espacios exteriores, y entonces a partir de allí la gente al menos se pusiera en la boca y nariz telas cosidas en casa. Pudiesen extremarse las medidas de prohibición de reuniones sociales, crear conciencia sobre la importancia del distanciamiento social, etc.
Y de Cuba me llevaría sus lecciones de cómo la gente comprende los peligros de la enfermedad rápidamente, en cómo a nivel de los barrios los doctores van controlando los síntomas respiratorios de las personas, y también la experiencia de los centros de aislamiento.
En cambio no me gustan las colas, las veo como no muy aconsejables en este contexto, pero sí se toman las medidas de distanciamiento social y uso de nasobuco, los peligros se reducen muchísimo.
¿Cuáles son tus pensamientos para con la familia cubana y la congolesa en estos tiempos complejos del Covid-19?
Los pensamientos de nuestra comunidad son de cuidado y más cuidado. Algunas personas creen que esto es un mal que no llegarán a sufrir, pero no se percatan que en cualquier parte puede estar el virus, porque más del 80 % de quienes lo portan son asintomáticos. A lo mejor un joven se infesta y no sufre, pero luego va con la familia y contamina a sus seres queridos más mayores.
Por eso, mi mensaje y el de todos los colegas de la Universidad de Ciencias Médicas, es esperanza, pero una esperanza y fe basada en nuestras propias acciones, responsables en gran parte de lo que suceda durante estos meses.

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