Ilustración: José Alberto Rodríguez Ávila/Cubadebate.

Cuando el pasado 15 de mayo la Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió que el nuevo coronavirus podría haber llegado para quedarse, una nube de incertidumbre envolvió a los más optimistas. Nada sería como antes, la nueva normalidad podría traer consigo cambios sustanciales en nuestras formas de vida.

El SARS-CoV-2, causante de la enfermedad COVID-19, ya ha sido diagnosticado en más de 5,5 millones de personas en todo el mundo, con la triste cifra de 345,433 muertos hasta este martes. Los expertos no tienen claro cuándo se podrá frenar su expansión y ahora pronostican que el virus podría no desaparecer nunca.

Aun cuando Cuba alcanzó el pasado 24 de abril el pico de la epidemia, y cada día son menos los casos detectados y activos en el país, no hay un minuto de descanso porque el riesgo sigue presente.

De epidemia a endemia y la “nueva normalidad”

El doctor Pedro Más Bermejo, vicepresidente de la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología junto a Armando H Seuc, Dr.C Matemáticas de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana. Foto: Abel Padrón Padilla/Cubadebate

Alejados de cualquier pronóstico tremendista, el equipo de epidemiólogos, modeladores matemáticos, geógrafos y otros tantos especialistas que no le pierden ni pie ni pisada al nuevo virus, continúan su trabajo. Nada parece perturbarlos en medio del ajetreo diario y las constantes llamadas telefónicas que buscan nuevas precisiones de la situación en el país.

“Por el comportamiento de los últimos días podemos hablar de una tendencia a un control de la enfermedad. Esto se refleja tanto en los casos activos como en los reportes diarios. Este control significa que el sistema de salud puede soportar lo que viene a futuro, que es la endemia”, aseguró a Cubadebate el doctor Pedro Más Bermejo, vicepresidente de la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología.

Por su parte, Armando H Seuc, Dr.C Matemáticas de la Universidad de Ciencias Médicas de La Habana, explica que en países con un pico epidemiológico de hace más de dos semanas y donde la curva se mantiene a la baja como en Cuba, los rebrotes no alcanzan las mismas cifras que antes.

“No es para confiarnos, pero cuando un país continúa bajando la curva de esta manera es muy difícil que se revierta la tendencia. Habría que desmontar todas las medidas tomadas para que se nos fuera de las manos, de ahí la importancia de mantener hasta el final el cumplimiento de las orientaciones del Gobierno”, subrayó.

En el caso de naciones como Ecuador o Brasil, donde la tendencia había sido negativa durante varios días y parecía haberse alcanzado el punto máximo de la epidemia, se observaron entre otros fenómenos una recogida errónea de datos.

De esta manera, los expertos aseguran que estamos iniciando la fase de endemia, o lo que es lo mismo, un período en el que debemos aprender a convivir con la enfermedad.

Según se detalla en el artículo “Brotes, epidemias, eventos y otros términos epidemiológicos de uso cotidiano”, la endemia es el término que denota la presencia habitual de una enfermedad o un agente infeccioso en una determinada zona geográfica o grupo de población. Es decir, la prevalencia habitual de una enfermedad determinada en esa zona, que a menudo ocurre en ciclos y por lo general describe el comportamiento de una infección que se transmite directa o indirectamente entre los seres humanos y se produce al ritmo esperado.

En Cuba el impacto de las enfermedades infecciosas y parasitarias disminuye considerablemente en las últimas décadas. El sistema de salud ha eliminado 14 enfermedades infecciosas, otras nueve no constituyen problema de sanitarios por presentar tasas inferiores a 0,1 por 100 000 habitantes y cinco enfermedades tienen tasas de incidencia en muy bajos niveles. Por tanto, actualmente 29 enfermedades transmisibles o alguna de sus formas clínicas se mantienen controladas.
No obstante, no existe una varilla única para declarar la fase de endemia, pues depende de la población de cada país.

“China tiene más de 1 500 casos diarios, pero al compararlos con el volumen de población esta cifra es casi insignificante. Para ellos este es el comportamiento endémico esperado”, agregó Seuc.

Para el propio especialista el comportamiento endémico es casi imposible de evitar ya que es muy alta la población susceptible. “Hoy no llegamos por suerte a los 2 000 casos reportados. Si tenemos en cuenta además que el pico de casos activos fue de 849 denotamos que tenemos aún una población susceptible muy grande; por lo que tener entre 10 y 20 casos diarios aunque no lo queramos, es un comportamiento que pudiéramos decir habitual.

“Cierto grado de población va a estar enferma durante un tiempo largo, por eso es que se denomina endemia”, acotó.

A partir de este momento se impone un mayor control de la enfermedad, un seguimiento más preciso de cada caso detectado y un riguroso proceso de desescalamiento de las medidas de aislamiento, teniendo en cuenta las características de cada lugar.

“Las medidas de relajamiento deben ser bien pensadas y con indicadores que permitan evaluar lo que se hace por territorios. Entre los indicadores a evaluar está el comportamiento del número reproductivo que mide el nivel de contagio de la enfermedad, así como la tasa de incidencia para indicar las fases establecidas por el gobierno”, apunta Pedro Más.

A juicio del catedrático, uno de los errores en varios países ha sido levantar aceleradamente las medidas por las grandes presiones económicas existentes. “De las ocho medidas más comunes para desescalar, la primera es la apertura de los centros laborales, sin embargo la que muy pocos implementan es la realización de eventos públicos, actividades culturales y deportivas, para evitar las grandes concentraciones de personas”, puntualizó.

No obstante, la experiencia internacional indica que en los lugares donde las medidas de desescalamiento han estado mal ejecutadas, hay que imponer un control incluso mucho más riguroso que antes.

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