Las luchas independentistas cubanas del silo XIX tuvieron en el espirituano Mayor General Serafín Sánchez Valdivia a uno de los más relevantes protagonistas durante casi 30 de los 50 años de su vida ejemplar.
El ilustre prócer nació el 2 de julio de 1846, en lo que es hoy el Museo Natal del insigne patriota, en la actual Calle Céspedes en la ciudad de Sancti Spiritus. Fue el primogénito de los hermanos, de los que 9 combatieron por la independencia.
Sus padres José Joaquín Sánchez e Isabel María de Valdivia influyeron en las ideas patrióticas de toda la familia, a pesar de su alta posición económica.
Serafín llegó a ser agrimensor, labor que ejercía cuando participaba en tareas conspirativas contra el régimen colonial español, al influjo del levantamiento libertario encabezado por Carlos Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868, en la región oriental de Cuba.
El joven Serafín Sánchez lideró un levantamiento armado en la finca Los Hondones, con otros 45 hombres, como parte de los 5 pronunciamientos insurrectos que se realizaron el 6 de febrero de 1869 en el territorio de la entonces jurisdicción de Sancti Spiritus.
Comenzó así, con 22 años de edad, su creciente batallar en el Ejército Libertador, bajo las órdenes de distintos jefes, entre ellos Ignacio Agramonte y Máximo Gómez, su gran maestro, amigo y gran afecto familiar, con el que participó en importantes acciones bélicas en las regiones centra y oriental del país.
Terminada la Guerra de los DIEZ Años con los grados de Coronel, fue firmante de la Protesta de Jarao, protagonizada en la zona rural de igual nombre por combatientes espirituanos, en contra del denigrante Pacto del Zanjón, como su predecesora la Protesta de Baraguá, liderada por Antonio Maceo.
Después de este acontecimiento y antes de volver a los campos insurrectos en la llamada Guerra Chiquita contrajo matrimonio con Josefa María Pina Marín, su compañera para el resto de su vida y fiel colaboradora revolucionaria dentro y fuera de Cuba.
Casi 11 meses después del nuevo intento bélico no se pudo continuar por la falta del necesario apoyo general, por lo que Serafín tuvo que partir al exilio, cuyo peregrinaje de 15 años convirtió en fructífera etapa de profundización de las ideas revolucionarias y fue uno de los colaboradores más cercanos y necesarios de José Martí en la organización del Partido Revolucionario Cubano y la preparación de la Guerra Necesaria, que por fin estalló el 24 de febrero de 1895.
Serafín continuó preparando expediciones para la incorporación al Ejército Libertador en Cuba, para lo que tuvo que enfrentar muchas vicisitudes y obstáculos, hasta que pudo organizar una expedición armada, que encabezó junto con el General Carlos Roloff y el Coronel Mayía Rodríguez, en un vapor renombrado José Martí, con 150 hombres, cientos de fusiles, gran cantidad de parque y otros cuantiosos pertrechos de guerra, por lo que se considera la mayor expedición llegada a Cuba durante la guerra iniciada en 1895.
Ese contingente desembarcó por Tayabacoa en la costa Sur espirituana, el 24 de julio de 1895. Así retornaba a su tierra natal el insigne jefe mambí, para incorporarse con su inteligencia y valentía a la lucha emancipadora reiniciada ese año.
Como Jefe del Cuarto Cuerpo del Ejército Libertador y luego en como Inspector General participó junto con los generales Máximo Gómez y Antonio Maceo en la invasión a Occidente y en combates tan importantes como Iguará, Los Indios, Boca del Toro, Mal Tiempo, Coliseo, Calimete y otros.
Por orden del General en Jefe del Ejército Libertador regresa a la entonces provincia de Las Villas, para organizar mejor la guerra. Fue designado Inspector General del Ejército Libertador y en cumplimiento de sus deberes tuvo que marchar a Oriente, donde de forma inteligente y sagaz logró limar discrepancias entre los generales Calixo García y José Maceo, por el mando del Primer Cuerpo del Ejército Libertador.
En octubre de 1896 cruzó nuevamente la Trocha de Júcaro a Morón de regreso a la jurisdicción espirituana, donde continúas las acciones bélicas, hasta que el 18 de noviembre de 1896 cayó mortalmente herido en el Paso de La Larga, territorio espirituano.
Aquel fatídico día el Ejército Libertador perdió el tercer jefe en jerarquía en ese momento. Pero la heroica, honesta y digna trayectoria de este héroe no terminó, sino que continúa cabalgando con la fortaleza de su ejemplaridad.
Del Mayor General Serafín Sánchez escribió en una ocasión José Martí, su jefe y compañero del exilio fecundo:
“Uno de los hombres extraordinarios que en la guerra supieron resplandecer y en la tregua estudian y practican las libertad doblados sobre la mesa dura del trabajo. El General Serafín Sánchez vino a lo que tenía que hacer, y ha vuelto al Cayo (…) El General Serafín Sánchez es digno del amor de los cubanos por el valor que ha empleado en su servicio, por la dignidad con que vive en el destierro del trabajo de sus manos, por la pasión republicana que le dirige el brazo heroico”.

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