Efraín Otaño Gerardo.

 “Y se abre en mi evocación/ como un libro imprescindible,/ cualquier secreto posible/ de mi tierra de carbón/ Recuerdo cada rincón,/ de cada rincón, lo suyo/ añoro al monte, al cocuyo,/ las tradiciones y ofrendas,/ evoco también leyendas,/ trincheras, fusil, orgullo”.

Efraín Otaño Gerardo

Efraín Otaño Gerardo en labores agrícolas.
Foto: Cortesía del entrevistado.

No sabe a ciencia cierta si su ascendencia es gallega, -para serte sincero nunca me he preocupado por eso-, aclara, pero de que tiene de isleño, tiene. Laborioso, disciplinado, pero sobre todo, amigos, que obstinado, cuando de defender lo suyo se trata: la familia, la décima, el terruño…

Le insisto que responda las preguntas en unos pocos párrafos acompañados de ese don poético, que le brota y le desborda. Y sí, lo intenta, pero una fuerza más fuerte que él, le convierte en poesía el pensamiento y arremete en ráfagas decimales.

Para Efraín Otaño Gerardo, hablar en versos es pan comido. “Es más fácil contestar improvisando y ya queda más natural”, me insiste. Nuevamente le explico y concluye: “ok, contestaré por escrito lo más técnico”. ¡Que tozudo este cenaguero!

Sin embargo recurro a él gustosa, porque pocos como Otaño, aunque sólo tiene 56 años, conocen la Península de Zapata, su historia, su gente…Pocos como este historiador “por cuenta propia”, para contar en prosa y verso, el antes y el después de su Ciénaga.

Ciénega de Zapata antes de 1959.
Foto: Cortesía del entrevistado.

Ciénaga, tú fuiste ruina

De un pasado tan horrendo

Que un niño nacía viendo

Del júcaro, cada espina.

El biberón, fue la harina

Endulzada con hicacos

Y los culeros, opacos

Por el tizne del carbón,

Y era la colcha un rincón

Aforado por los sacos.

Eras la ciudad perdida,

Sin camino ni trabajo,

Y el boniato con tasajo

Lo mejor de tu comida.

Llevabas dentro una herida

De un pretérito inhumano

Y cada penca de guano

Que cobijaba tu horror,

Era un grito de dolor

En el eco del pantano.

Para ti, Ciénaga, el día

Comenzaba cuando el canto

Del gallo, era un espanto

En medio de la agonía.

Después la noche caía

Con dolores en el pecho

Para dejarle, maltrecho

El crepúsculo a la choza;

Y la luz de una chismosa

Posándose sobre el techo.

Entonces se hacía cruda

Por el frío y por la plaga

Con el camastro en la zaga

De un horno, pidiendo ayuda.

La tarde se hacía ruda

Por los trabajos ingratos,

Y así, con tantos maltratos

Las horas se hacían recias

Y había muchas Nemesias

Llorando por sus zapatos.

  • Efraín, no viviste la etapa prerrevolucionaria de la Ciénaga de Zapata, pero tus padres y otros conocidos, sí. ¿Cuáles son esas anécdotas que escuchaste contar a ellos o que conociste a través de tus investigaciones, que te llevaron a escribir Ciénaga de Zapata: Encrucijada del tiempo?

“Vine pa’ la Ciénaga de Zapata en el año 52, pa’ aquí mismitico, pa’ Pálpite. Al llegar a la Ciénaga, yo comienzo a hacer carbón y conocí de cerca los abusos de los intermediarios que nos compraban el carbón a un precio pa’ después venderlo en otro mucho mayor. En aquellos tiempos la cosa estaba fea. La miseria la negociábamos en vales en las tiendas, pedíamos la comida fiada a cambio del horno que se quemaría después. Mucha harina tuve que comer”, me contaba mi viejo.

“Poco se puede hablar de salud en este territorio antes del triunfo revolucionario. Por tan solo mencionar un ejemplo, la mortalidad infantil del lugar constituía la más alta de toda la Isla en 1958, aproximadamente 65 niños fallecidos por cada mil nacidos vivos. Así lo explican en una de sus investigaciones, Niurka Trujillo Pérez y Bárbara Sierra Cobas, historiadoras del museo de Girón.

Esa triste realidad la vivieron muchos cenagueros, entre ellos Alejo (El Moro), quien perdió a dos hijas pequeñas. Contaba El Moro en uno de sus testimonios: «La última la perdí un día que llegué a la casa tarde y me encontré a la mujer con la niña cargada y muy enferma. Salimos a pie por las veredas del monte, y cuando caminé unos ocho kilómetros por el diente de perro se me murió en los brazos. Tuvimos que regresar a Punta Perdiz, donde la dejé con la madre, y volví al central Covadonga para hacer los trámites. La enterré en una caja de aquellas donde venía el bacalao, porque no tenía dinero. Así era la vida aquí en la ciénaga, una vida de perros».

Cuatro escuelas de tabla y guano fueron el único patrimonio en la oscuridad del pantano antes del 59. Aisladas en diferentes puntos del territorio, apenas contaban con alumnos, porque la mayoría de los muchachos de entonces tenían la necesidad de ‘prenderse’ en las labores negras del carbónLa Ciénaga de Zapata era la capital de la ignorancia.

La mayoría de las personas vivían en ‘varaentierras’ y en los mejores casos, en ranchos de guano y tabla. Nada de electricidad, ni carreteras. Solo cuatro teléfonos de magneto en toda la Ciénaga. Podemos resumir que este era un lugar inhóspito, con una atención social prácticamente nula, sin el más mínimo asomo de respeto y consideración humana, por parte de los gobiernos de turno”.

 

Nochebuena de Fidel junto a los carboneros de la Ciénega, en 1959.
Foto: Revista INRA.

Hasta que triunfan los Rebeldes y su líder, Fidel Castro Ruz, se propone humanizar los días de los más humildes. Según Antonio Núñez Jiménez, “El primer gran plan de la revolución victoriosa para transformar la naturaleza cubana se dirige a beneficiar a los miles de “parias” que vivían en los pantanos de Zapata”. Nacía así, el Programa de Desarrollo de la Ciénaga de Zapata.

Pero cuando los cenagueros saboreaban las primeras felicidades, después de tanta penuria, -la Ciénaga llegó a conocerse como El África tenebrosa de Cuba La Caldera del Infierno-, los “amigos” del Norte con sus mercenarios en el Sur, preparaban la invasión por Bahía de Cochinos. El 16 de abril de 1961, los esbirros desembarcaron y arremetieron con odio brutal contra todo y todos lo que encontraron a su paso.

El padre de Efraín Otaño Gerardo fue uno de los que, incluso herido de una pierna, defendió su suelo hasta verlo libre de intrusos. Años después, mientras recorría con su hijo de siete u ocho años, la carretera de Pálpite hacia Playa Larga, le contó al pequeño los difíciles momentos de su vida cuando la invasión de Girón; del gallego Fernández y del ejemplo personal de Fidel al frente de los combates.

Conoció entonces Efraín, que aquello que se alzaba a la orilla de la vía y que en su lenguaje infantil, él nombraba “cosas”, indicaban el lugar donde murieron muchas personas, unas en defensa de la patria, y otras, víctimas civiles.

 

Museo de Playa Girón. Ciénaga de Zapata. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

  • ¿Cómo vivía tu papá, estos días de abril? ¿Alguna costumbre en particular?

Mi papá no era hombre de organizar tertulias ni encuentros con sus compañeros de trabajo o de lucha. Con nosotros los hijos, sí nos repetía hasta el cansancio, cada año, lo vivido en la lucha contra bandidos en el Escambray y en Girón.

Lo que siempre nos recalcaba, (y eso lo recuerdo cada mañana): «La Patria está primero que todo, no importa que fulano o mengano no sirvan o hagan las cosas a su manera, lo importante es la Patria». Y hoy le tengo que dar la razón, a pesar de que mi padre fue un hombre que apenas sabía escribir su nombre”.

Porque mi padre, lumbrera

De la montaña y la playa,

Siempre estuvo en la batalla

Defendiendo su bandera.

Fue bayoneta y trinchera, (Símbolo de lealtad)

Mi padre fue la humildad

Esculpida en el pantano,

Por eso llevo en mi mano

Su espada de libertad.

Escuela en Playa Larga.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

  • Supongo que el cenaguero viva estos días de una forma excepcional, pues aún tienen entre ustedes a combatientes de Girón y a familiares de víctimas de la Invasión. ¿Qué emociones afloran en los pobladores de la Ciénaga cuando llega abril?

“Resulta un poco difícil hablar sobre las emociones de las personas en relación con los días de Girón, porque cada individuo no exterioriza sus sentimientos de igual manera y no son sólo los cenagueros, pues combatientes de aquí de la Ciénaga que cayeron en combate fueron muy pocos, las víctimas civiles sí eran mayormente de aquí.

Entonces, cada cual honra a sus muertos como siente hacerlo: flores, recuerdos, conversaciones… Nemesia y los suyos, a su mamá. Otras familias también, la de Dulce María Martín, la de Cira María García… Por ejemplo, los familiares de Claudio Argüelles, que vienen mucho a Pálpite porque su monumento está aquí.

Las instituciones depositan flores a todos los combatientes en el monumento erigido a estos, durante la jornada de homenaje. Los integrantes de Korimakao realizan cada 18 de abril, la velada artística. La juventud protagoniza una bicicletada de 62 kilómetros. Otros hacen encuentros en las escuelas y centros de trabajo.

Pero en los últimos tiempos, en que los combatientes de la comunidad han ido falleciendo, sólo se hacen algunas actividades dirigidas a los mismos. En la jornada de Girón es donde más son recordados. Es cierto también que llevamos los dos últimos abriles, con la presencia de esta terrible pandemia que impide realizar muchas de las actividades habituales. Mas cualquier iniciativa es válida para recordar héroes y mártires de aquella importante gesta.

Ahora a través del proyecto Ksimba queremos renovar algunos monumentos que necesitan mantenimiento constructivo. Los nuevos diseños ya están listos, con la asesoría del historiador y la aprobación de los familiares de las víctimas; solo estamos esperando que mejore la situación epidemiológica para hacerlo”.

Sesenta años, Girón

Vuelve en las alas de abril

Y yo hecho manos al fusil

Que tengo en el corazón.

Disparo, con emoción

Versos que calan la historia,

Y disuelto, en la victoria

De aquella gesta imborrable,

Viene el rostro inolvidable

De mi padre, a la memoria.

 

Este hijo de la Ciénaga, vigía de los jejenes, curioso de la “chismosa”, amante de las estrellas, puso por primera vez sus pies en un aula, cuando tenía ocho años. Todo bien con los estudios, hasta la adolescencia; no quería retornar a la beca. Pero su madre ante la perreta, se plantó como gallina fina, -aunque después supe que se estaba muriendo de dolor por dentro-, advierte el poeta, y con los métodos que solo una madre sabe, logró que Efraín continuara estudiando.

Se hizo técnico medio en Agronomía. La llegada de su segunda hija en pleno Período Especial, lo hizo regresar del Instituto Superior de Ciencias Agropecuarias de la Habana para su Ciénaga. Y hasta carbón hizo en ese tiempo por necesidad. Luego llegaría la municipalización de la enseñanza y obtendría su licenciatura en Estudios Socioculturales.

Artista aficionado de Korimakao, primer cenaguero al que le publicaron un libro, líder popular, representante gubernamental y otros méritos ostenta este hombre, pero sobre todo, buen ser humano y patriota.

Este será mi Turquino

Mi Granma, mi Baraguá;

Mi Demajagua será;

Mi presente y mi destino.

Este será mi camino

Hacia la Sierra o el llano,

Y levantaré mi mano

Empuñando mi fusil,

Para encender el candil

De este pueblo soberano.

  • Emigrar de la Ciénaga es una oportunidad que seguramente has tenido, por tu condición de intelectual y por otras responsabilidades dentro de la dirección del gobierno en el municipio. ¿Por qué has permanecido en la Ciénaga?

“Será que me gusta vivir donde vivo. Sí, tranquilidad. No es que yo sea un romántico, pero me gusta el monte, los canales, el canto de las aves, el color de las aguas de la bahía. Me gusta el olor del paraje. La gente de la Ciénaga que es muy servicial.

Me han propuesto trabajo, sí. De hecho, los primeros años de mi vida laboral fueron fuera de la Ciénaga, pero decidí estar aquí y aquí estaré aunque le arranquen los ojos al día, para decirlo metafóricamente”.

Para complementar su respuesta, me envía uno de sus textos, con lo que no me queda duda alguna de por qué este hombre “estudiado” permanece en su terruño.

– ¡Ah, eres de la Ciénaga de Zapata! No sé exactamente cuántas veces me han referido el mismo bocadillo. Por supuesto, expresado de noventa y nueve formas diferentes (…) Tal parece que este lugar, para quien no lo conoce, es como una especie de isla separada del mapa de Cuba; para que el que la conozca y no vive en ella, como el final de un camino pedregoso. Y para quienes vivimos en ella, como una carga que permanece sobre nuestros hombros.

El porqué de mi subjetiva afirmación se debe a la experiencia de casi treinta años que llevo chocando con muchos conceptos equivocados acerca de esta región (…) Es cierto que nosotros mismos atentamos contra un mejor balance de la fuerza intelectual del territorio, cuando no concluimos una carrera o abandonamos los estudios (…) También existen los cenagueros “arrepentidos”, quienes esperan una oportunidad para ir hacia otros municipios de más “perspectivas”. Ahí es donde comienzan mis dudas. ¿Por qué no quedarse y luchar a brazo partido por el desarrollo del terruño?

  • ¿Cómo le describirías la Ciénaga a aquellos que nunca han puesto un pie en ese municipio matancero?

“Contario a lo que algunos puedan pensar, la Ciénaga es rica en acontecimientos. Y sobre todo, un lugar en que la Revolución cubana marcó un antes y un después significativo”.

Pero un enero inmortal
Trajo la luz al batey
Transformando al curujey
En aula y en hospital.
Ya por todo el humedal
Se regaba la confianza
Y como punta de lanza
Vino la Revolución,
A mi tierra del carbón
Para sembrar la esperanza.

Entonces el cenaguero
Escaló al sueño más alto
Por la escalera de asfalto
Que se le puso al sendero.
El humilde carbonero
Dijo adiós a su pobreza,
Y sepultó la tristeza
De ver morir a sus críos
En los canales del frío
Y el yugo de la maleza.

La luz eléctrica vino
Por un tejido de cobre
Para borrar la salobre
Oscuridad del camino.
Llegó el agua con un fino
Vaivén en su movimiento,
Y las sonrisas del viento
Alegraron el pantano
Cuando la choza de guano
Se hizo de arena y cemento.

Recale de blanca bata
Dio a la soledad sutura,
Y el farol de la cultura
Se adueñaba de Zapata.
Hoy una luna de plata
Cobija el techo, y se aprecia
Que se endulza la magnesia
Con azúcares más francos
Y hay una lluvia de blancos
Zapatos para Nemesia.

Asegura el poeta, que aunque faltan muchos aspectos por mejorar en la Ciénaga, es indiscutible el cambio para bien, que la Revolución y Fidel trajeron al cenaguero. Se planta en sus mil motivos para afirmarlo, en sus muchas Razones para honrar a Girón.

No pretendan discutir con él.  Recuerden que tiene de isleño. Si hasta tres meses estuvo entre carboneros para interpretar un personaje. Este no entiende cuando de defender lo suyo se trata. La Ciénaga es su “Isla del Coco”.

Cita a Jorge Oliver. ¿Dónde está la Isla del Coco? Depende de a quién se le pregunte. Si se trata de un científico exacto, inteligente, serio, seguro dirá que considerando la Tierra como la naranja que es, la isla está arriba, a la derecha de su cintura, es decir, en el ombligo del mundo. Cuando la respuesta viene de un poeta, parecerá más sencilla. Dirá: al centro del abrazo del Mar Grande con el Pequeño. La mayoría de los isleños, para no discutir con Científicos ni poetas, dicen con más exactitud: Aquí, y se ponen la mano derecha sobre el lado Izquierdo del pecho.

Espero no levantar ronchas, solo quisiera lograr la sensibilidad con esta tierra -mi tierra-, y cuando a cualquiera de nosotros, o de ustedes, le pregunten dónde está la Ciénaga de Zapata, digamos poniéndonos la mano derecha sobre el lado izquierdo del pecho:
¡Aquí!”.

 

Medico en Santo Tomás. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Emisora municipal La Voz de la Victoria.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

Villa Guama, Laguna del Tesoro.
Foto: Cortesía del entrevistado.

Carbonero, Cienega de Zapata, Cuba. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Carbonero, Cienega de Zapata, Cuba. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.

Efraín Otaño Gerardo.

Efraín, un poeta cenaguero. Foto: Cortesía del entrevistado.

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