A 126 años del ascenso a la inmortalidad de José Martí, su legado antimperialista nos sigue convocando por la plena vigencia de sus ideas. Con apenas 18 años anuncia lo que pudiera llamarse el preludio de su antimperialismo fundador. Su crítica, en su primer cuaderno de apuntes, dada la prematura aproximación a la realidad estadounidense y los juicios que emite, pareciera como si hubiese vivido o conocido directamente el curso de los acontecimientos que van ocurriendo en el norte de América y caracteres que van describiendo a esa sociedad nueva en comparación con la vieja Europa, con los vetustos peninsulares de España e incluso con la Cuba colonial. El joven Martí apunta:

«Los norteamericanos posponen a la utilidad el sentimiento. Nosotros posponemos al sentimiento la utilidad (…). Las leyes americanas han dado al Norte alto grado de prosperidad, y lo han elevado también al más alto grado de corrupción. Lo han metalificado para hacerlo próspero. ¡Maldita sea la prosperidad a tanta costa!». No podemos hablar aún del antimperialismo martiano, mas si nos detenemos en estos apuntes que hizo en España, no caben dudas de  que son el preludio de ese antimperialismo fundador, que lo definió y que hemos heredado como un valor esencial que sostiene nuestro carácter.

El legado martiano se evidencia con meridiana claridad en el presente, al acudir a la memoria histórica de «aquel invierno de angustia…» en el que Martí expone en el prólogo a sus Versos Sencillos cuánto le aquejaba (más que dolencias o malestares físicos, preocupaciones de índole político). Recordemos que a finales de la década de los 80 del siglo xix, Martí se enfrenta a las pretensiones expansionistas y de dominación de Estados Unidos. Corría el año 1889 y una convocatoria a un convite dudoso dejaba ver las verdaderas intenciones para con nuestra América, del gigante de las siete leguas. Se trata del Congreso Internacional de Washington (octubre 1889 – abril 1890); que al decir de Roberto Fernández Retamar era «…aquel cónclave del que saldrían en un futuro la política del panamericanismo, la Organización de Estados Americanos». Y Martí advierte el peligro: «Jamás hubo en América, de la independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia».

Esta advertencia martiana adquiere hoy una especial significación, por cuanto sigue siendo el convite del imperio yanqui asunto que requiere mucha sensatez y, al mismo tiempo, obliga a mirarlo con ojos judiciales. La receta neoliberal, que no es algo aislado, forma parte del capitalismo como sistema, la imponen hoy el gobierno rapaz estadounidense y sus aliados fascistas en buena parte de Nuestra América. Fracturar las identidades de los pueblos del Río Bravo hasta la Patagonia, destruir procesos de izquierda, alternativas sociales a las propuestas hegemónicas del orden impuesto al mundo (capitalismo), socavar las culturas nuestroamericanas y asfixiarnos económicamente con guerras y bloqueos genocidas, convidan a que estemos preparados para enfrentar al tigre solapado, que se viste de terciopelo para engañar, desunir, penetrar ideológica y culturalmente; y después atacar con toda su fuerza y matar.

Así han querido hacer con Cuba, y de igual manera el Apóstol lo señalaba: «Sobre nuestra tierra, Gonzalo, hay otro plan más tenebroso que lo que hasta ahora conocemos, y es el inicuo de forzar a la Isla, de precipitarla a la guerra, para tener pretexto de intervenir en ella, y con el crédito de mediador y de garantizador, quedarse con ella. Cosa más cobarde no hay en los anales de los pueblos libres: ni maldad más fría…». Palabras lapidarias estas últimas que caracterizan el actuar del imperialismo estadounidense: cobardía y maldad.

La visión martiana antimperialista lo llevó a rechazar todo vestigio de propuesta indigna para Cuba, todo vestigio de anexionismo, por ejemplo. Nos alerta Martí que: «(…) Y una vez en Cuba los Estados Unidos ¿quién los saca de ella? Ni ¿por qué ha de quedar Cuba en América, como según este precedente quedaría, a manera –no del pueblo que es, propio y capaz–, sino como una nacionalidad artificial, creada por razones estratégicas? Base más segura quiero para mi pueblo. Ese plan, en sus resultados, sería un modo directo de anexión. Y su simple presentación lo es (…)».

Sobre el excesivo amor al Norte de algunos recordemos las palabras del Apóstol en el discurso conocido como Madre América: «En unos es el excesivo amor al Norte la expresión, explicable e imprudente, de un deseo de progreso tan vivaz y fogoso, que no ve que las ideas, como los árboles, han de venir de larga raíz, y de ser de suelo afín, para que prendan y prosperen, y que al recién nacido no se le da la razón de la madurez porque se le cuelguen al rostro blando los bigotes y patillas de la edad mayor. Monstruos se crean así, y no pueblos: hay que vivir de sí, y sudar la calentura».

Aquella carta inconclusa del Maestro a su amigo Manuel Mercado (conocida como su testamento político) es reveladora; y a su vez nos llena de esperanza y fe en la victoria. Es un canto a la libertad, un hermoso canto a la vida cuando se está a punto de morir en brazos de la patria agradecida: «Ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso». Cuanto hagamos hoy y haremos ha de ser para continuar la lucha antimperialista.

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