Es muy difícil evitar que suba un fuego a las pupilas o que no aparezca un latido acelerado en el lado izquierdo del pecho cuando se repasa –en detalles– la trágica jornada del 19 de mayo de 1895, en Dos Ríos.

«Para José Martí el primer pensamiento este 19 de mayo, 126 años después de su caída en combate y de su testamento político: impedir a tiempo, con la independencia de Cuba, la expansión del imperio sobre las tierras de América», escribió en su cuenta en Twitter el Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en un día que siempre desborda de sentimiento patrio a los cubanos.

«Descarga cerrada. Caballo herido. Martí caído moribundo, el muchacho que lo ve trata de acercarse. No puede. Huye. Lleva la noticia», así describiría Eusebio Leal aquel desgarrador momento en que esta isla antillana perdía un hijo vital.

No en balde, cada 19 de mayo en Revolución, ha sido fecha para el recuento y el homenaje de la Patria agradecida a nuestro Héroe Nacional, a quien el General de Ejército Raúl Castro Ruz y el Jefe de Estado dedicaron sendas ofrendas florales depositadas en el mausoleo que guarda sus restos, en el cementerio patrimonial Santa Ifigenia, en Santiago de Cuba.

Al tributo se sumaron, además, las coronas a nombre del presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y del Consejo de Estado, Esteban Lazo Hernández, y del pueblo de Cuba, durante una ceremonia iniciada con la guardia de honor asumida por combatientes de las far.

También desde Dos Ríos, el sitio sagrado de la Patria que señaliza el lugar donde derramó su sangre el más universal de los cubanos, se le rindió un sentido homenaje al Maestro, con un acto político-cultural, en el que las nuevas generaciones reafirmaron su compromiso con la vigencia del legado martiano.

Como parte de la ceremonia fue colocada, por las máximas autoridades del Partido y el Gobierno en Granma, una ofrenda floral en nombre de los jóvenes, frente al obelisco de diez metros de altura erigido en el lugar exacto de la caída en combate del Apóstol.

Desde allí Martí nos sigue iluminando como el «sol moral» de Cuba hecho verso y rosal, palma y bandera, tierra firme y arroyo constante; desde allí nos sigue acompañando en cada enero y en cada mayo… en las batallas de todos los días.

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