Con motivo del aniversario 126 de la caída en combate de José Martí, el compositor Israel Rojas accedió a dialogar con Granma para hablar sobre el Apóstol, desde una sensibilidad cercana al contexto conversacional del ciudadano común de nuestros días, como la plasmada en la canción Todo el mundo cuenta, de Buena Fe.

–¿A qué disco pertenece esta canción?

–La canción Todo el mundo cuenta está en el disco Pi 3,14, nacido en el contexto de unos años muy particulares. La obra de bf no se puede interpretar de una manera integral si no se entiende el contexto en que han nacido sus temas. Este es un disco del año 2011, que profundiza en la realidad social de ese tiempo. Eran los años de la convocatoria del 6to. Congreso del Partido, que se realiza en abril de ese año, después de 14 sin que se celebrara alguno y Raúl convocó a los debates, a que la gente dijera lo que pensaba, a profundizar en el cambio de un grupo de cosas.

«Este es uno de los discos más martianos que nosotros hemos hecho por la cubanidad que encierra. No por gusto están Eliades Ochoa, con Mamífero nacional; Despedida, con Pablo Milanés, y Los aldeanos, con Miedos. Traemos invitados porque es el año de la necesidad de los consensos, de la necesidad de que todo el mundo se viera reflejado en ese país que se quería construir y que debía trazar esos lineamientos para avanzar. Esa canción es un resumen de todo lo que queríamos expresar en el disco, de la necesidad de la construcción de una nación con todos y para el bien de todos, pero también desde la necesidad de entender todas las partes. No podíamos seguir pensando en un Martí de frases hechas, sino en ese otro que puede ser padre y maestro, que nos acompaña, sangre de los pobres, hermano en deberes; ese Martí donde se cuestiona cómo pudo hacer tanto sin internet. Yo te digo que esa canción es de las que más orgulloso estoy porque, aunque se divorcia del contexto en que nació, es una canción que todavía puede acompañarnos».

–¿Cómo valoras la dimensión de la prédica martiana al marcarnos senderos éticos, como un referente de conducta en pleno siglo xxi para recorrer aspectos que van, desde la moral hasta el altruismo, la bondad y la belleza, por solo citar algunos de estos…

–A Martí no se le puede entender si no se comprende cuál fue su gran escuela. No es solo el ambiente independentista y revolucionario en el que nace. Creo que haber castigado a un muchacho tan joven con esa sensibilidad, a ese muchacho presto a la poesía, a la literatura, que lo hayan condenado a una prisión tan horrible en la que ese muchacho increíblemente no murió, fue la bomba. Es lo que hace que Martí ensanche su tesitura moral, su tesitura ética, su capacidad de entrega y de sacrificio. ¿Qué horror pudo no haber visto aquel niño, qué dolor pudo haber pasado que todos los demás sacrificios le parecieran una nimiedad? Sabe Dios cuántas cosas horribles conoció ese jovencito que venía de un ambiente intelectual y de buenas a primeras se ve rodeado de delincuentes, incluso de gente más pequeña en edad que él, que allí murieron. Eso le ensancha su visión del mundo de la naturaleza humana en lo perverso y lo hace correr hacia la luz de la belleza, a valorar cada cosa bella como si fuera la última del día. Por eso cuando nos asomamos a Martí, resplandece su enorme talla moral, su enorme vocación de servicio, su incansable capacidad de trabajo, de entrega y de amor a los demás.

«¡Qué suerte ha tenido este país de tener a un hombre como ese, de tener un ejemplo como ese! En Martí se resume todo lo grande y todo lo bueno, porque no esperó otra cosa que su pensamiento lo sobreviviera. Si los marxistas definen al ser humano por el ser y el pensar, Martí le incluye el sentir. Martí siempre nos dejó claro que, si las ideas no pasan primero por el corazón, son estériles. Es casi como una verdad revelada. Para mí, Martí es alguien a quien regreso siempre, pero no para citarlo de memoria, sino para tratar de comprender esa fórmula del amor triunfante. Esa manera de Martí de entender el carácter de la naturaleza humana, el prisma por el cual ve la vida y trata de que el pensar, el hacer y el sentir vayan de la mano, eso es admirable y trato cada día de acercarme a eso».

–¿Crees que la indomable voluntad del Apóstol de luchar en el campo de batalla contra el enemigo representa una elocuente muestra para quienes estamos dispuestos a dar hasta la vida por el bienestar de nuestro pueblo?

–Hay hombres pequeños, pigmeos de la patria que tratan de hacer ver a Martí como un conciliador a toda costa, un hombre incapaz de ser radical, incapaz de ser intransigente. Nos quieren muchas veces vender a un Martí pusilánime, a un Martí blando. Eso es totalmente falso. Martí era tan radical y tan intransigente como Antonio Maceo y Máximo Gómez. Siempre tuvo muy claro que era imposible construir una república, independizar a Cuba, tratando de quedar bien con todo el mundo. Él entendía que toda obra se hacía para el bien de todos, entendía de voluntad, esfuerzo y esmero, para tratar de sumar a todos desde la mejor arista, la que aporta luz. Tenía muy clara la naturaleza humana, la fiera que habita en cada hombre también y, por supuesto, nos hablaba de la necesidad de que prevaleciera lo mejor por encima de esa fiera. Pero no estaba convocando a que los tigres y los conejos habitaran en la misma jaula. El que quiera decir eso, no entiende a Martí. Por eso, yo respeto más a los que sí saben que Martí era un radical y lo atacan hoy. Tienen claro que la estatura de Martí es tan alta, que no tienen valor de emularla. Prefieren negarla. Prefieren juzgarlo desde su propia pequeñez. Los que no son capaces de entender lo ofenden. Los que prefieren fabricar un Martí quinta columna y, además, ellos saben que no es así, ofenden su grandeza. Martí fue capaz de firmar con sangre todo lo que soñó, todo lo que amó. Martí fue de verdad.

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