Conrado Garau, un español con huellas relevantes en la arquitectura espirituana
Una mirada a inmuebles con valores arquitectónicos característicos de la primera mitad del siglo XIX en la ciudad de Sancti Spíritus es imposible sin la retrospectiva a Conrado Garau Gayá, un español nacido en Maó, Menorca, Islas Baleares, en 1895, en el seno de una familia de escasos recursos económicos, con el padre, Antonio Garau, cantero de oficio, como principal sostén.
María Antonieta Jiménez Margolles, historiadora de la urbe espirituana, refiere que esa realidad es una de las motivaciones por las que Conrado llega a esta ciudad, en los años 1920, época donde es notable el auge de construcciones con predominio de elementos estilísticos eclécticos.
En ese escenario encontró Conrado empleo, en momentos en que sus conocimientos y habilidades en la edificación de inmuebles era evidente, y, además, una fuente desde donde podía robustecer su economía personal.
Pronto comenzó su historia como maestro de abras y desde ese quehacer la cuarta villa fundada por el adelantado Diego Velázquez en 1514 regala inmuebles muy distintivos, donde los estilos y la vida de Maó, la capital de Menorca en las Islas Baleares, en el Mar Mediterráneo, tienen cierta influencia en la cultura habitacional de la urbe espirituana.
Expertos coinciden en que la obra cumbre del hijo de Maó, Menorca, es el majestuoso edificio destinado a la sede a la Colonia Española, terminado en el año 1926, joya de la arquitectura ecléptica que daba a la villa aires renovados, de nuevos tiempos.
Por las distinciones en su construcción y terminado, el inmueble lleva implícito la pericia del maestro responsabilizado en su edificación.
Bajo la dirección del ya conocido maestro de obra Conrado Garau Gayá se erigieron la casa de Céspedes #14, hoy sede de la Unión de Periodistas de Cuba de la provincia.
En Independencia sur, con los números 9, 11 y 13 hoy luce su esbeltez una edificación de tres niveles, donde residen el centro gastronómico Shangai y dos apartamentos de viviendas.
Suma el aval de Conrado la otrora clínica privada Los Ángeles, hoy casa de abuelos, en la calle Martí, sur, y las labores de reparación o construcción, en 1930, de la fachada, el techo de concreto, las columnas del presbiterio y los pisos de la Iglesia de La Caridad.
También la portada del cementerio, los almacenes y fábrica de tabacos La Naviera, la casa de altos de Independencia esquina a Sobral (hoy casilla especializada y dependencias de la universidad), entre otras.
En 1931 España establece un régimen republicano y con él surgen esperanzas de mejorar toda la vida de la nación, entonces españoles que estaban en ultramar decidieron volver a su tierra natal, algunos con manos no muy vacías, pues a costa de arduo trabajo habían salido de la pobreza.
Y Conrado Garau decidió regresar a Islas Baleares y con más experiencia y cierto capital prosigue su quehacer como maestro de obras y dirige construcciones priorizadas por las autoridades de la II República Española.
Garau pertenecía al Partido Unión Republicana, uno de los que integran el Frente que derrota a la derecha en las elecciones de 1936. Entonces, inconforme con aquel gobierno constitucional, se produjo el alzamiento franquista en julio de ese año
Las tropas de la derecha avanzan sobre Mallorca y la toman, comenzando una brutal represión contra las fuerzas democráticas.
Al padre de Conrado lo apresaron cuando se dirigía a cuidar sus animales al campo y lo fusilan en el cementerio de Son Coletes, el 18 de agosto de 1936, consignando en documentos que había muerto en las luchas nacionales.
Días más tarde localizan a Conrado y cuando lo fueron a conducir preso, se defendió y a uno de los guardias lo dejó marcado para toda su vida.
Conrado Garau fue ejecutado en el mismo lugar que su padre, el 9 de septiembre de 1936, por su fidelidad a la causa revolucionaria en España.
Para perpetuar la memoria de este maestro de obra que dejó construcciones imperecederas en la ciudad, la Escuela de Oficios de la Oficina del Conservador de Sancti Spíritus lleva su nombre.
Texto y foto Oscar Alfonso Sosa