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Fidel sabía quién yo era y ninguna pregunta era al azar

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Sentado en uno de los salones de la bellísima sede del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Sancti Spíritus, Duniesky Contreras Madrigal, graduado de instructor de arte, regresa una y otra vez en el tiempo.

De Fidel me quedo con el compromiso de ser consecuente con lo que uno cree, al precio de cualquier sacrificio, y con la idea de que la cultura es también la que nos va a salvar, subrayó quien fuera el graduado más integral de esta provincia, de la promoción de instructores de arte de 2004, y quien recibió su título de manos del Comandante en Jefe.

Hijo de una familia humilde de esta ciudad y, en el plano profesional, de los programas de la Batalla de Ideas, Contreras Madrigal confesó cuánto lo marcó su formación durante cuatro años en la escuela Vladislav Volkov, de la comunidad de Tres Palmas, en Cabaiguán, los profesores que le inculcaron valores excepcionales, sus compañeros y el hecho de conocer al líder histórico de la Revolución.   

Desde niño tenía inclinaciones por las Artes Plásticas, estuve en talleres con reconocidos pintores del territorio, pero desaprobé los exámenes para la Academia de Trinidad, precisó, vino la posibilidad de entrar a la Vladislav Volkov y reconozco que al principio tenía la perspectiva de convertirme en un creador y no esa arista pedagógica, educativa, de instruir.

Sin embargo, en el transcurso de sus estudios este joven que luego sería presidente provincial de la Brigada José Martí y miembro de su Dirección Nacional se enamoró de la especialidad.

Siempre nos preocupamos por estudiar, quien vio a Duniesky en la secundaria y lo hizo luego, en esa etapa, son muy diferentes a nivel académico y eso demuestra cuánto me cambió la formación como instructor de arte, significó, y aunque había otros alumnos con muy buena trayectoria, fue una alegría tremenda cuando me avisaron que era el graduado más integral de esa promoción en el territorio.

La tarde noche del 20 de octubre de 2004, en la ciudad de Santa Clara, tiene una connotación especial en la vida de este espirituano; nunca pensé recibir el título de manos de Fidel, fue extraordinario por lo que representó y por las palabras que me dijo, jamás había tenido la posibilidad de estar físicamente con él, aseveró.

Durante la pequeña conversación que sostuvimos, me di cuenta que él sabía quién yo era y que ninguna pregunta era al azar, pues indagó cómo me había ido en La Sierpe porque nosotros hicimos las prácticas pre profesionales en ese municipio, si había dejado alguna novia, le mandó saludos a mi mamá y me habló del compendio de Palabras a los intelectuales, el libro que nos entregó, acotó Contreras Madrigal.

Como quien intenta atrapar para siempre el instante, Duniesky escudriñó cada detalle de la cara y las manos del Guerrillero del Tiempo y aquilató la manera en la que conversaba; a la emoción por la carrera que casi comenzaba a forjar le sobrevinieron el tropiezo del Comandante en Jefe y su caída de aquella noche, la preocupación de todos, las lágrimas.

Lo que más nos llamó la atención fue lo rápido que él se levantó, la forma en que nos pidió en un mensaje posterior que no se podía apagar la alegría por la graduación y su énfasis en lo orgulloso que estaba de nosotros, rememoró.

Al decir de quien también ejerció como docente, los programas entre los que figuran otros como el de los trabajadores sociales surgieron en un momento trascendental para el país por el número de jóvenes que estaban desvinculados, por los altos índices de deserción escolar, y todos, apuntó, “salvaron” a un sector en el que me incluyo y le abrieron las puertas para convertirse en los profesionales que son hoy.

El instructor no es un graduado que está para suplir necesidades de programación en ningún lugar, dijo, su papel es mucho más amplio y tiene que ver con la formación de una cultura, de un público, de una sensibilidad, con la capacidad de sostener, desde el proceso de enseñanza y de acercamiento al arte, una identidad y defenderla.

Por: Redacción Centrovisión

Foto: Cortesía del entrevistado