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La cruzada contra la colaboración médica cubana

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La cooperación médica internacional de Cuba ha sido, durante décadas, uno de los programas de mayor visibilidad y alcance de la política exterior de la Isla. Sin embargo, en los últimos años se ha convertido también en un objetivo prioritario de la estrategia de presión de Estados Unidos, cuyos gobiernos han impulsado narrativas y acciones dirigidas a desacreditar a las brigadas médicas, limitar la firma de nuevos convenios y afectar los ingresos derivados de la exportación de servicios profesionales. 
El comienzo de las acciones que de manera sostenida y sistemática han perseguido afectar al sistema cubano de cooperación con el exterior puede situarse en la época de George W. Buch. Bajo su mandato, los profesionales de la salud antillanos fueron representados como agentes del gobierno, incompetentes, exportadores del comunismo y espías. 
Luego, bajo la administración de Barack Obama, el Departamento de Estado incluyó en su unilateral Informe de la trata de personas 2010 a la Mayor de las Antillas y explícitamente comenzó a enunciarse, desde aquellas instancias políticas, a sus brigadas médicas como una forma de esclavitud moderna. La arbitraria inclusión fue una constante en las siguientes ediciones de dicho informe. 
Después de Obama, han transitado por la Casa Blanca los gobiernos de Donald Trump, Joe Biden y Trump por segunda ocasión. Pero estos cambios de mandatos no trajeron consigo variaciones significativas en los objetivos de los círculos de poder estadounidenses respecto a las brigadas médicas cubanas. 
Esta hostilidad permanente ha perseguido deconstruir el símbolo de la colaboración médica cubana e infringir daños a los ingresos del gobierno por concepto de exportación de servicios. Con esa finalidad, el imperialismo norteamericano ha involucrado a otros actores con identificación ideológica. Sobresalen gobiernos conservadores de América Latina y el Caribe, congresistas del lobby anticubano en Estados Unidos, organizaciones no gubernamentales, elementos contrarrevolucionarios, asociaciones gremiales médicas y medios de comunicación. Estos actores han contribuido a la imposición de un discurso político manipulador contra el poder simbólico de la colaboración brindada por la Mayor de las Antillas. 
En ese sentido, han sido diversas las acciones encaminadas al hostigamiento de la colaboración cubana. Entre las más recurrentes aparecen las declaraciones contra el sistema de colaboración en su conjunto o algún convenio puntual, las incesantes presiones diplomáticas a países receptores, la publicación de informes falaces, el estímulo al abandono de misiones por parte de sus miembros, propuestas legislativas, denuncias en organismos multilaterales y coberturas de los medios de comunicación afiliados al discurso de hostilidad. 
Los argumentos esgrimidos por el imperialismo estadounidense para justificar el contexto en que se produce su arremetida contra la colaboración de la Isla pueden ser resumidos en tres afirmaciones. Se trata, pues, de presentar a Cuba como una amenaza para la seguridad de Estados Unidos, como un país patrocinador del terrorismo y como un Estado violador de los derechos humanos. Tales planteamientos carecen de veracidad, pero han resultado útiles para conquistar adeptos. 
Este tema, además, ha sido parte de la agenda bilateral del gobierno de Estados Unidos con los países de América Latina y el Caribe. A través del Departamento de Estado y sus misiones diplomáticas en las naciones del área se ejercen presiones y chantajes sobre los gobernantes del hemisferio para disuadirlos de entablar o mantener brigadas de colaboración médica en sus países. Como consecuencia, se dieron interrupciones de acuerdos en Brasil, a finales de 2018, y en Ecuador y Bolivia, en 2019. En Honduras, El Salvador y naciones del Caribe insular también han finalizado convenios de cooperación en materia de salud con la Mayor de las Antillas. 
Con todo, la campaña contra la cooperación médica cubana no ha logrado demostrar que las brigadas constituyan una violación de los derechos humanos ni que respondan a las categorías que les atribuye la propaganda política. Lo que sí ha conseguido, en no pocos casos, es privar de asistencia sanitaria a comunidades enteras que dependían de esos servicios. Tras más de dos décadas de acciones dirigidas a extinguir la colaboración cubana con el exterior, es evidente que los ataques no han estado enfocados en corregir una supuesta injusticia, sino en desmontar uno de los programas de mayor prestigio internacional construidos por la Revolución Cubana.

* Algunos elementos que aquí aparecen fueron consultados en la tesis de licenciatura (2025) de la colega Daniela Estevan Polo, de la cual el autor del presente material fue cotutor.

Autor: Ariel Pazos Ortiz

Fuente: CubaSí