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Pretextos desde el marabuzal

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Mocha en mano y hacha al hombro, el guajiro Nelson Ríos emprende varias veces a la semana el trillo que va desde la casa de su finca La Espinita, en las proximidades de Júcaro, en Yaguajay, hasta los potreros de su escenario agropecuario, donde plantones de marabú intentan apoderarse de todo el terreno posible.

“Deshacerme del marabú con el pretexto de potenciar la producción de carbón, aquí mismo en la finca, es una razón, que hoy cobra vida, por los problemas energéticos y las necesidades de los hogares, pero no es el único para mí, afirma.

“Dentro de ese marabuzal hay otras especies de la flora que pujan por empinarse, el aroma las frena y ahí entramos nosotros con los implementos, haciendo una especie de manejo intencionado, para que las otras plantas, incluyendo pequeñas palmas cubanas, puedan crecer en lo que va siendo un espacio con pequeños bosques.

“Además de la sombra, aportan alimento al ganado, sirven de nidificación a especies de aves y también de refugio a reptiles y otros animales; lo hacemos para oxigenar un ecosistema y dar vida a la biodiversidad del lugar, área de amortización del Parque Nacional Caguanes”.

No son pocas las personas, revela, que le han sugerido arrancar de cuajo con todo lo que crece en el potrero, pero el guajiro es sabio.

“No muy lejos se avistan aquí potreros que fueron buldoceados completos; no quedó ni una mata de fruta, ni de otor tipo y los animales no tiene ni donde coger sombra, hay más mosquitos, el suelo más reseco, y eso no hace bien.

“Yo duermo tranquilo porque con el manejo le multiplico la vida a la naturaleza de mi entorno, incluso, en los linderos, en las cercas, donde solo uso un pelo de alambre, he plantados especies de la flora autóctonas de esta zona de litoral costero, y no faltará algún frutal.

“No hago esto pro capricho, es sabiduría campesina, porque si no proteges, mejoras y enriqueces el espacio donde crecen tus vacas, toros, terneros, los caballos y las yeguas con sus crías, estás condenando a la naturaleza y al desarrollo”.

La manera de hacer le obliga a planificar tiempo, trabajo, pero como buen guajiro lo logra, porque siempre sabe en qué momento cortar el marabú, acarrearlo con sus bueyes, trocearlo e ir levantando el horno y también mejorando las condiciones de los potreros, donde mansos crecen sus rebaños, un sostén de la familia, de la finca y de todo el ecosistema donde La Espinita siempre regala enseñanzas curtidas por sabiduría y experiencia práctica.

Texto y foto Oscar Alfonso Sosa