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María Isabel, una mujer que desafía la altura

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Texto y fotos Oscar Alfonso Sosa

María Isabel Valdivia Benítez sabía de los desafíos a sortear con solo dar a conocer la decisión de que su futuro sería ser liniera eléctrica, pero ni ciertos rasgos de machismo, por aquello de que era un oficio solo para hombres, ni miradas dudosas en la familia y los amigos la hicieron flaquear.

“Fue mi hija, apenas una adolescente, el impulso decisivo al decirme que, si eso era lo que me gustaba, lo hiciera, con todo su apoyo incluido, confesó una de las cinco mujeres de Cuba vinculadas a este quehacer.

 “Cuando entro a la Escuela de Linieros de Sancti Spíritus todos se giraron hacia mí, entre una mezcla de dudas e incertidumbre, y hasta algún mensaje irónico me regalaron, y yo solo sonreía porque desde pequeña he sido audaz, retadora del peligro y dispuesta a vencer lo que me propongo”.

 Reveló María Isabel cómo pronto todo cambió, gracias a la ayuda de los profesores instructores y del grupo, quienes fueron aceptando la realidad; y hasta el día de hoy se muestran prestos a ayudarla, a apoyarla siempre.

“La preparación es dura, necesitas ganar en habilidad, agilidad y fuerza y mantener viva la inteligencia y supe de la certeza de mi decisión aquella vez, en el patio de instrucción, cuando con la ayuda de mis brazos, mis piernas y las espuelas sobrepasé los dos metros y seguí escalando en el imponente poste de madera, después de muchas jornadas de dolores musculares y hasta resbalones.

“Disfruté la altura, esa brisa distinta desde allá arriba, esa mirada abarcadora, esa libertad, y así conocí que eso apenas era el comienzo de una etapa más complicada, porque ser liniero no es solo subir a los postes, son muchos los detalles cuando trabajas en el empalme de cables, en el alistamiento de los accesorios”.

La muchacha sabe que el riesgo es la mayor de las verdades en este oficio, sin embargo, lo asume con mucha responsabilidad y sin exceso de confianza, tal como lo hizo la primera ocasión en la que participó en una inversión, en una zona rural de Sancti Spíritus.

“Todos los postes estaban parados, había que escalar alto y con la ayuda de medios se izaban las crucetas, los aisladores, operaciones todas que requerían de una manipulación cuidadosa, pero también vencí en esa oportunidad, enfatizó esta mujer que resalta una y otra vez los conocimientos aportados por los profesores y sus compañeros.

” He estado en otras maniobras complicadas, de mucha precisión, en escenarios complejos, y la labor se ha terminado con éxito”, manifestó.

Pausa su verbo y desgaja su memoria, vuelve al momento en que tuvo que cambiar luminarias por vez primera en un carro cesto y aquella oportunidad donde coronó un poste de 45 pies, dos pequeños sucesos que la marcaron.

“Actualmente estoy en el curso de preparación para linieros especializados, una arista mucho más exigente porque las tareas son más peligrosas y exigentes, apuntó mientras agradece a la familia en la que se ha convertido su colectivo de trabajo, un equipo formado por jóvenes valiosos y cooperantes”.

Para María Isabel hay un eslabón vital en este oficio en el territorio y es la escuela, un sitio donde, aseguró, la preparación es precisa y en el que los términos disciplina y seguridad son permanentes hasta formar a un grupo de linieros excepcionales.

“Ya hoy en el barrio y en el seno de la familia las miradas son distintas porque los hechos demuestran las potencialidades de la mujer”, comentó finalmente.